Número 255/ Febrero 2012
Especial 20 Aniversario
A la sobria serenidad de la villa abrazada por el Pisuerga se le ha ido incorporando una arquitectura de vocación renovadora y sostenible. Cojan bufanda y abran bien los ojos para disfrutar de la gran urbe mesetaria.
La luminosa vitalidad ouresana, el eterno paisaje granítico de Compostela y el salitre atlántico que aromatiza las calles de A Coruña componen tres microcoscos que son tan dispares como complementarios.
Un nuevo horizonte se abre ante los ojos de la capital hispalense. Lo de siempre y lo último se cruzan armónicamente en una Sevilla que ha experimentado en estos años una transformación urbanística y cultural tan profunda como la de 1992. La ciudad pide atención. Sólo hay que ejercer la curiosidad y saber mirar más allá.
A la capital alavesa le sobran argumentos para presumir: sus excelentes servicios, la suculenta cocina, una elegancia innata para mezclar pasado y futuro o la designación como Capital Verde Europea 2012 son algunos. Si quisiera, también podría alardear de la cantidad de visitantes que se enamoran de ella cada año. Pero no lo necesita. Y ahí reside su encanto.
Entre Lugo y Ourense despierta de su letargo esta Denominación de Origen nacida de una orografía casi artificial. Una zona donde la vid se cultiva en pendientes que hacen de la vendimia casi un deporte de riesgo y cuyos caldos han conseguido situarse en el punto de mira de la crítica internacional especializada.
Con uno de los mejores conjuntos históricos del país y un alto nivel de vida, la equilibrada y dinámica Girona espera a que la descubran. Y lo hace sosegadamente: quizá porque, tras verla, cualquier halago se queda corto..
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